Cruzando Croacia de Norte a Sur, viajando en furgo por Europa

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Viajando en furgo por Europa, Capítulo 3

Me monto en la furgo y dejo atrás Italia para llegar a Eslovenia. Es un país pequeño rodeado de montañas y muy verde.

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Paisaje de Eslovenia

Pregunté para comerme algo típico y me recomendaron un restaurante. Cuando llegué, lo primero que vi fue un cerdo atravesado dando vueltas mientras se hacía al carbón. Me quitó un poco las ganas de comerlo, pero me dijeron que lo típico era cerdo o cordero con verduras, y básicamente era lo que tenían, así que me pedí un kroznik puranovimi de toda la vida, que era una ensalada con carne de cordero y una salsa como de yogur pero más espesa.

Pedirlo no fue tan fácil porque nadie hablaba inglés, hasta que se levantó un esloveno que me ayudó a elegir el plato entre un menú imposible de entender. Terminó sentándose conmigo y empezamos a charlar. Me comentó varias cosas sobre Eslovenia: fue el primer territorio que se independizó de la antigua Yugoslavia; el año pasado se celebró un referéndum para prohibir el matrimonio homosexual y ganó el sí con más de un 60%, pero el gobierno lo anuló (sabiamente). Un claro ejemplo de que la democracia no siempre es justa con los derechos de una parte de la sociedad, en este caso influenciado por la religión.

Cruzo la frontera y me doy cuenta que en Croacia no tienen el euro, así que me acerco a cambiar euros por la moneda local, la kuna. El hecho de no tener una ruta establecida ni haberme informado sobre los países por donde paso le está dando un toque de aventura extra al viaje.

Me despierto en Rijeka, que es una ciudad de la costa norte. Pregunto por el desayuno típico y me dicen que en Croacia se desayuna en casa. Me pongo a buscar un bar y ninguno pone comida, me costó encontrar uno que me vendiera un bocata. Pregunto adónde están las mejores playas y me recomiendan las islas del sur, pero tenía ganas de playa y me voy a Krk (tal cual, no le falta ninguna letra). Es la isla más grande de Croacia, pero solo tiene un par de playas chulas, de piedras pequeñas y agua turquesa.

El cambio al salir de Italia fue brutal. En Croacia, la gente apenas habla inglés y no entiendo ni una sola palabra del idioma. Cuando quiero algo que no sea echar gasolina o comprar en el supermercado, la comunicación se complica bastante. Y si a eso le sumamos que la gente es mucho más fría (por decirlo de la manera más suave posible) se complica aún más. La arquitectura no tiene nada que ver con otros países en los que he estado, aquí es mucho más sobria. Tiene influencia austro-húngara, veneciana y renacentista.

Recorro la costa hasta llegar a Split, la ciudad donde se cogen los ferrys que van a las islas del sur, que son las más bonitas. Recorrerse la costa de Croacia da la sensación de que hay un lago gigante al lado, porque las casi mil islas que están cerca de la costa no dejan ver mar abierto. Un paisaje distinto lleno de montañas, rocas, mar e islas.

Monto la furgoneta en el ferry y me voy a Brac, que es una de las islas más bonitas del mar adriático, donde me pego una semana recorriéndome la isla. Hay mariposas por todos lados. Las playas que más me gustaron fueron Zlatni Rat y Lovrecina. El problema es que no se puede ir descalzo porque la mayoría de las playas son de piedras, que es típico de este país. Y una de las cosas que más me gustaron fueron las vistas desde la montaña más alta de la isla, donde se ven todas las islas del alrededor… espectacular!

La isla tiene playas muy guapas, pero no se pueden comparar con las de Menorca o Formentera. Me da la sensación que en España tenemos las mejores playas de toda Europa.

Me cojo el ferry de vuelta a Split y conduzco rumbo a Dubrovnik. De camino me paro y aparco la furgo de forma estratégica para despertarme frente al mar. Para mi es uno de los mayores gustazos de viajar en furgoneta… abrir el portón y que lo primero que vea al amanecer sea la playa.

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Llego a Dubrovnik. Trato de aparcar en zona azul pero me cobraban 40 kunas por hora, que son unos 6 euros, así que me busco otro aparcamiento. Al día siguiente, me doy una vuelta por Dubrovnik. El centro histórico está rodeado de murallas y tiene mucho encanto, sin duda el que más me ha gustado de toda Croacia. Después de 24 días viajando solo por Italia, Eslovenia y Croacia, me vuelvo a la furgo para recoger a un colega en el aeropuerto y recorrernos juntos los Balcanes. Let’s go!

¡El próximo jueves te sigo contando mi viaje en furgo por Europa en mevoyalmundo.com! 

Si quieres hacer algo parecido, puedes visitar el artículo Viajar en furgo, ¿una forma de vida? donde se te explica todo lo que necesitas saber sobre este mundo, donde y por cuanto comprar una furgo y hasta formas de ganar dinero con ella.

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