Una visita inesperada con final inesperado

Diario de Kinoxford – Capítulo 16.

04/11/2016.

El otoño avanza, lento pero inexorablemente, arrancando hojas del calendario como si fuesen hojas de árboles, que cubren como un manto los esplendorosos jardines y alrededores del palacio.

Mi tercer hermano y su novia han decidido venir a visitarme unos días, lo cual me alegra el ánimo lo suficiente como para pedirme varios días de vacaciones y así aprovechar al máximo de su grata y amena compañía.

Me informa de que llegan a las 13 horas a Oxford, vía Gatwick en autobús.

Una vez en la estación me confirman de que el autobús llega a las 14 horas, por lo que imagino que se ha confundido y vuelvo a pedalear de regreso a casa para hacer tiempo.

A mitad del camino escucho un grito familiar llamándome por mi nombre, mi sorpresa es mayúscula porque solo me dicen Joaquín mis familiares, ya que Kino me acompaña desde la pubertad, desde sexto de EGB, en el colegio Jorge Guillén “PUA”.

Al detener la bicicleta y mirar a la acera de enfrente contemplo estupefacto quiénes son los autores del grito, mi padre y mis tres hermanos han venido a visitarme sin decirme nada y me da por reír, mientras nos fundimos en un entrañable abrazo de los que abrigan el alma.

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Llevan preparando la sorpresa meses y lo de mi hermano y su novia era solo para jugar al despiste y asegurarse de que dispusiera de esos días de vacaciones.

Han reservado una habitación de seis camas en un hostel por lo que dormiremos todos juntos como una piña y compartiremos tres días de asueto, relax, risas, confidencias y hermanamiento.

Nos dedicamos a recorrer Oxford de cabo a rabo y sus monumentales edificios. Nos maravillamos de su abrupta naturaleza concentrada en sus numerosos y bien cuidados parques, visitamos el pueblo natal de William Shekaspeare, que se llama Strandford y es una auténtica maravilla, así como varios pueblos de alrededor que hacen las delicias de los cinco que vamos a bordo del coche que han alquilado para la ocasión.

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Son unos días donde descubrimos que aunque somos diametralmente opuestos, tanto en físico, como en carácter y personalidad, a pesar de ser hijos del mismo padre y de la misma madre, hemos aprendido a querernos y respetarnos, cada uno con su visión y filosofía de vida.

A los padres y a los hermanos no los elegimos, pero de haber podido hacerlo, yo no hubiera podido elegir mejores de los que por suerte me han tocado en esta vida.

Los cuatro somos ya hombres, ya que el más pequeño ha disfrutado ya 25 primaveras.

Somos buenas personas, con educación, principios, valores, creemos y somos portadores de la lealtad, la dignidad y sobre todas las cosas, tratamos siempre de no hacer daño a las demás personas, animales y seres vivos que nos rodean.

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Mis padres nos inculcaron el valor del esfuerzo, el sacrificio, la constancia, el gusto por las cosas bien hechas, en resumen a ser buenas personas que aunque parezca fácil decirlo, no lo es tanto a la hora de llevarlo a cabo.

Por lo demás seguimos trabajando duro a diario en el palacio, que a pesar de el inminente frío invernal que se avecina puntualmente en noviembre, sigue registrando una media de dos a tres mil visitantes cada día.

Estoy acudiendo cada lunes a clases de inglés gratuitas en una iglesia, me resulta muy útil y sobre todo me llena de humanidad que haya personas dispuestas a ayudar a otras, sin esperar nada a cambio.

En la iglesia no preguntan a nadie la religión que profesa, todos somos bienvenidos y me reconforta saber que la solidaridad y el bien común siguen vigentes en estos tiempos de prisas, estrés, adoración sumisa al dios del dinero y egoísmo.

Cada lunes aprendo palabras nuevas y también me reconcilio con la humanidad, sabiendo que la bondad, el altruismo y el amor puro, fresco y auténtico siguen moviendo los corazones, aunque sean conceptos que no cotizan en bolsa ni generan intereses o riquezas materiales.

Para seguir hablando de buenos actos desinteresados, llenos de humanidad y rebosantes de amor al prójimo, un primor de hombre llamado Unai de Valencia, dedica parte de su tiempo libre y energía, a organizar reuniones para hablar en inglés los domingos por la tarde.

Acudo regularmente, cuando acabo el trabajo para practicar el inglés. Se alternan los pubs donde se celebran, en función de la disponibilidad del local y pasamos momentos realmente mágicos, envueltos en una atmósfera agradable y acogedora.

Me enamoro más de la vida y la humanidad cuando conozco personas como Unai y los que se implican en organizar las clases gratuitas de inglés, dando lo mejor que tienen dentro sin esperar recibir nada a cambio.

Ayudar solo por el hecho de ayudar y haciendo de este mundo un lugar más cálido, plácido y amoroso.

Y ya con esto me despido hasta otro día. Recuerda que puedes visitar mi blog KinoCuevas.wordpress.com, mi canal de youtube y también podéis escuchar el programa de radio que hacía mientras vivía en Málaga, La Hora de Málaga.

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