Medio año de vida, o seis meses de una vida nueva

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Diario de Kinoxford – Capítulo 15.

07/10/2016.

The summer is gone, se acabó mi primer verano sin ver la mítica serie veraniega de verano azul, que reponen de forma machacona e insistente todos los veranos en la televisión española.

Ha sido un verano intenso y espectacular en el palacio, con miles de visitantes a diario, centenares de autocares con miles de turistas estadounidenses, neozelandeses, australianos y chinos que visitan el palacio en una hora escasa, haciendo fotos sin parar en vez de deleitarse y disfrutar de su espléndida arquitectura barroca, o meditar en sus maravillosos jardines privados.

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Cada día me gusta más este país de derechos y libertades donde los currículums se entregan sin fotos ni fecha de nacimiento para evitar cualquier discriminación.

El CV solo sirve para contactarte por móvil o mail y comprobar que resides en la ciudad, sin importar en exceso tus estudios, másteres del universo o caros seminarios, ya que lo que realmente cuenta es el training o prueba de dos horas, sin sueldo, pero con comida, donde tus compañeros son los que deciden si te quedas, en función de tu actitud.

En España la selección de personal es algo más enrevesada, opaca y burocrática ya que primero se realizan varias cribas de CV, después entrevistas telefónicas, personales, grupales y tribales, examen psicotécnico y finalmente te rechazan o contratan para vender pan.

Las calles están siempre impolutas, porque tirar un papel al suelo supone 50 libras de multa, orinar en la vía pública 80 y reincidir 200 libras, sin posibilidad de reclamar ni convalidarla por trabajos comunitarios.

He visto centenares de personas hacer picnic en los alrededores del palacio cada finde y quedarse todo igual cuando se han marchado, sin que ninguna policía intimidase con su presencia. Es algo que llevan grabado en la educación recibida en las escuelas y se llama CIVISMO.

Esta limpieza hermosa, civilizada, educada y agradable, contrasta con el poco esmero que ponen la mayoría de los ingleses con el tema de la limpieza en general.

Creo haber contado en los primeros capítulos los lagrimones que se me cayeron cuando firmé el contrato de alquiler de mi habitación y supervisé la casa. Me fui directo al hostel para ducharme y dormir huyendo de la mugre y suciedad acumulada por meses de desidia en mi habitación, aseo y cocina.

La mañana siguiente estuve tres horas limpiando y al despertarse mis compañeros de casa me preguntaron que si estaba aburrido.

A punto estuve de responderle que no me gusta vivir en una pocilga, pero la prudencia me invitó a sonreír y confirmarles mi aburrimiento.

Lo más curioso de todo es que al hablarlo con otros españoles me confirman que en su casa pasa igual, pero ellos no limpian para otros. Yo pienso que no limpio para los demás, sino para mi mismo.

Cuando me toca trabajar en la caja registradora (till y pod) atendiendo y cobrando a los clientes, siempre limpio antes de abrir, por pura iniciativa y mis compañeros británicos, supervisores y mánagers se quedan perplejos ante el esmero y ahínco de mi limpieza.

Han salido arañas de un tamaño increíble al limpiar a fondo, mugre acumulada de años…

Al verme esmerarme me dicen “Kino you love clean“ con cara de estupefacción.

Yo les respondo que no amo limpiar, pero me gusta ponerme en la piel del cliente. Esa empatía que me obliga a limpiar el lugar donde voy a trabajar varias horas sirviendo cafés, tés, sándwiches, baguettes y tartas, por pura y mera educación y principios, aplicando el sentido común.

Mi madre es la culpable de que necesite limpieza e higiene en mi cuerpo, en mi casa, en mi trabajo y en mi vida diaria, porque desde que tengo uso de razón me lo inculcó a base de ser muy pesada. Ahora agradezco su pesadez, por conseguir que sus hijos salieran a la calle impolutos y aseados de cuerpo, pelo, dientes, uñas y perfumados. Todo esto me ha ayudado a ser una persona presentable y respetada.

Otra cosa que me ha llamado la atención de los ingleses, es la poca predisposición que tienen la mayoría para el trabajo.

Son vagos, flojos y los lunes faltan el 20% de la plantilla británica del palacio, alegando estar enfermos después de un fin de semana regado de alcohol.

Me percato de que este país lo levantan los miles de inmigrantes que trabajan en él, con el salario mínimo. Trabajando a full-time se vive con dignidad y por eso miles de personas vienen cada año en busca de una vida mejor.

Esa pereza británica y apatía ante el trabajo, se ve reflejada a la hora de comer. Los establecimientos de fast-food están atestados desde las 8 de la mañana, comen cualquier snack andando por la calle y no le dedican tiempo a cocinar, a pesar de tener una excelente materia prima.

Salmón exquisito de Escocia, pollo, cerdo, ternera y cordero alimentados de forma abundante en sus interminables praderas verdes. Frutas, verduras y hortalizas importadas de todo el mundo…  Pero los supermercados están repletos de comidas precocinadas listas para horno.

No debería extrañarnos mucho, ya que en España se está abandonando la dieta mediterránea en favor de comida precocinada, los fast-food baten récords de clientes mientras que los mesones y menús caseros se ven relegados al ostracismo.

Afortunadamente he encontrado un restaurante mediterráneo donde cocinan comida de verdad, puedes comer lunch con dos platos por 8 libras y cenar por 13, con una copa de vino, por lo que acudo a diario a alimentarme con delicias como kisir, humus casero, adana kofte, musaka o lasagna de verduras, encontrando mi refugio gastronómico entre tanta inmundicia congelada, precocinada, insípida, grasienta y letal para las arterias.

Después de seis meses, echo de menos hablar con mi padre de la vida, besar a mi madre susurrándole cuánto la quiero, abrazar a mis hermanos, pasar la tarde con mi compadre Niko en su kiosko, que es el más carnavalero y malaguista del mundo entero, jugar con mi ahijada en el parque, cenar en casa de mi amigo Paco Caro y su mujer Soraya, charlando y riendo hasta altas horas de la madrugada, comer con mi gran mejor amigo Enriqueto y mi hermano Rafael, tomar de postre unas copas y cuando son las diez de la noche aparecer por el pimpi florida del populoso, castizo y marinero barrio paleño para cantar y bailar al ritmo de la copla más castiza y casposa.

Cuando me visita la nostalgia y la melancolía, les permito que sobrevuelen mi cabeza, pero no que hagan un nido en ella.

He sido bendecido por esta maravillosa aventura de vivir fuera de España y soy consciente de que vivo y trabajo en un país que funciona. En cambio en España no tenomos ni gobierno, no se ponen de acuerdo y los índices de corrupción y desempleo me hacen sentir vergüenza ajena.

Mi hermano pequeño es licenciado en INEF y Fisioterapia con máster en osteopatía, lleva trabajando dos años en clínicas de seguros privados donde acuden pacientes que fingen lesiones para cobrar más del seguro por algún accidente de tráfico.

Nunca ha ganado más de 850 euros al mes por 40 horas a la semana y lo peor es que hay miles de jóvenes que estarían dispuestos a trabajar en su lugar sin pensárselo.

Ante este panorama desolador, voy confirmando que en los próximos años solo volveré a España de vacaciones, no pienso renunciar a vivir con dignidad, aunque salga el sol escondido y no haya comidas familiares.

Y ya con esto me despido hasta otra. Mientras tanto puedes visitar mi blog KinoCuevas.wordpress.com, mi canal de youtube donde iré colgando algún que otro vídeo y también podéis escuchar el programa de radio que hacía mientras vivía en Málaga, La Hora de Málaga.

1 comentario

  • Hola, leí muchos de tus post y me das envidia, tanto por tus ganas como la valentía que tienes, y ahora a ver si puedes darme un consejo, actualmente tengo un trabajo de los que se denomina precario y ahí va mi pregunta, ¿ cuál era tu nivel de inglés cuando llegaste ? Das a entender que no era bueno pero no me hago a la idea de cuánto, el tema del idioma es lo único que me tira para atrás… Un saludo y cuidate amigo.

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